Pilar Luna, pionera de la arqueología subacuática

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PLAYA DEL CARMEN, MX.- Pilar Luna Erreguerena, pionera de la arqueología subacuática, quien ha contribuido de manera importante a rescatar el pasado histórico de México, dejó su cargo como subdirectora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Es la madre moderna de “Naia”

La maestra, reconocida en varias ocasiones por sus aportes en el campo de la investigación, es quien encabeza el proyecto “Hoyo Negro” donde se localizaron los restos de “Naia”, que a la fecha son los más antiguos de América, con unos 13 mil años.

Por razones personales dejó su cargo como subdirectora de Arqueología Subacuática,  en el que estuvo más de 37 años, desde que esta área fue creada en febrero de 1980.

Sin embargo, ella permanecerá como investigadora y continuará los trabajos de Hoyo Negro, según informó Adriana Velázquez Morlet, directora del Centro INAH Quintana Roo.

No hay que olvidar que la maestra Pilar Luna es considerada como pionera de la disciplina en México, y un valioso apoyo para la arqueología subacuática de algunos países latinoamericanos.

Es reconocida internacionalmente por su intensa labor en defensa del legado cultural que yace bajo nuestras aguas y por su papel en la elaboración del texto de la Convención de la UNESCO sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático (2001).

Recibió la Medala J.C. Harrington

La experta es miembro de diversos consejos de arqueología subacuática y ha recibido varios reconocimientos en México y Estados Unidos, entre los que sobresale la Medalla J.C. Harrington, otorgada por la Sociedad de Arqueología Histórica de Estados Unidos, convirtiéndose en la primera latinoamericana y segunda arqueóloga subacuática que la recibe, después del Dr. George F. Bass, considerado como el “Padre de la Arqueología Subacuática en el Mundo”.

Apenas en marzo pasado, el equipo de investigadores que encabeza, presentó los últimos descubrimientos en torno a Naia, en la 82 convención anual de la Society for American Archaeology (SAA), en Vancouver, Canadá.

De este esfuerzo colectivo, se sabe ahora que Naia medía 152 centímetros y pesaba un máximo de 50.4 kilos cuando estaba bien alimentada, ya que el estudio de sus dientes y sus huesos largos demostró que a menudo pasaba épocas de carencia extrema.

Asimismo, se sabe que se había roto un brazo, el cual sanó antes de su muerte, la cual ocurrió al caer en la oquedad de 60 metros de diámetro y 55 metros de profundidad, conocida como Hoyo Negro.

Uno de los hallazgos más significativos son múltiples líneas de evidencia, incluyendo el interior de su hueso púbico, que sugieren que Naia pudo haber dado a luz meses antes de fallecer.

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A decir de los especialistas, estos hallazgos proponen que la vida de los primeros pobladores de América, o por lo menos de algunos de estos grupos que llegaron a través del Estrecho de Bering, procedentes de Siberia, no fue idílica por encontrarse en una tierra nueva y abundante, sino al contrario, fue sumamente difícil y llena de carencias.

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