
Alga Chlamydomonas: la clave del Nobel de Medicina
Un organismo de una sola célula que nada hacia la luz ayudó a explicar cómo se forman recuerdos, emociones y conductas en el cerebro.
Un organismo diminuto de una sola célula está en el centro de una de las investigaciones más relevantes de la neurociencia reciente. El alga Chlamydomonas permitió a tres científicos entender cómo se originan los recuerdos, las emociones y el comportamiento en el cerebro, trabajo por el que fueron galardonados este mes con el Nobel de Fisiología o Medicina.
Cómo funciona el alga Chlamydomonas
Esta alga se desplaza hacia la luz gracias a una proteína sensible a ella, llamada canalrodopsina, muy parecida a la rodopsina presente en los ojos humanos. Cuando la proteína detecta luz, iones con carga eléctrica entran a la célula desde el exterior.
Ese flujo desencadena una señal eléctrica de enorme rapidez, que le indica al alga que debe moverse mediante una estructura similar a un pequeño cabello que funciona como motor.
De un alga a los circuitos del cerebro
En las investigaciones reconocidas, el gen de la canalrodopsina de Chlamydomonas se trasladó a células cerebrales vivas de animales. Con destellos de luz, los científicos lograron encender o apagar neuronas de manera individual.
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Gracias a este método fue posible identificar con precisión los circuitos cerebrales que controlan la conducta, los sentimientos, los recuerdos y los movimientos. También los relacionados con la vigilia, el sueño y otras funciones del cuerpo.
Los experimentos llegaron a activar en ratones conductas como reunir a sus crías en el nido o acicalarlas.
Aplicaciones en salud
La técnica, conocida como optogenética, se utiliza actualmente para estudiar trastornos como la depresión, la ansiedad y la enfermedad de Parkinson. Además, se prueba como vía para restaurar de forma parcial la visión en personas con enfermedades de la retina.
El camino resulta llamativo: un conjunto de estudios considerados esotéricos sobre un alga sencilla terminó por abrir una herramienta para explorar el cerebro y plantear posibles tratamientos médicos.
El Nobel de Fisiología o Medicina de este año subraya así el valor de la investigación básica, que parte de preguntas sobre organismos aparentemente modestos y puede derivar en avances con impacto directo en la salud humana.
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Fuente: The Guardian Science


