
Dartmouth College halla que el ruido rosa mejora las conversaciones
Un estudio con más de mil charlas entre desconocidos concluye que equilibrar la exploración de un tema con ideas nuevas se asocia con mayor disfrute y conexión.
Nota elaborada con inteligencia artificial.
Una conversación agradable tiene una firma que puede medirse: el ruido rosa. Así lo plantea una investigación del Dartmouth College, en Nuevo Hampshire, Estados Unidos, publicada en la revista Science Advances.
El concepto proviene de la física, donde se describe como un punto en el borde del caos: un estado lo bastante estable para permanecer en él, pero sin quedar atrapado de forma indefinida. Los autores lo aplicaron al diálogo cotidiano.
Qué es el ruido rosa en una conversación
Según la primera autora, Kathryn O'Nell, este equilibrio permite quedarse en un tema el tiempo suficiente para conocerse y entenderlo, sin que la charla se vuelva rutinaria.
Los investigadores distinguen tres patrones. El ruido blanco aparece cuando alguien no sigue lo que acaba de decirse y la plática salta de un asunto a otro. El ruido rojo surge cuando los interlocutores repiten el lenguaje del otro y caen en un bucle.
El ruido rosa queda en medio: las personas se sincronizan al explorar un tema, se separan al introducir ideas frescas y vuelven a coincidir para desarrollarlas. La neurocientífica Emily Finn, autora sénior, advirtió que estar en sintonía no basta, pues también puede resultar muy aburrido.
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Cómo se midió el ruido rosa
El equipo analizó más de mil conversaciones entre desconocidos, que después respondieron preguntas sobre la experiencia. Quienes tuvieron charlas con más ruido rosa disfrutaron más, quisieron seguir platicando y sintieron una conexión más fuerte.
Para medirlo, cada intervención se procesó con una inteligencia artificial llamada MPNet, que la calificó con 768 criterios relacionados con significado, tono y contexto. Así se cuantificó cómo la conversación avanzaba y retrocedía.
El patrón se repitió en pláticas entre amigos sobre experiencias formativas. En encuentros de citas rápidas, una mayor presencia de ruido rosa predijo qué parejas volvieron a verse.
Además, los científicos revisaron pódcast con dos conductores y observaron que el ruido rosa de sus diálogos aumentó a lo largo de los primeros 50 episodios. O'Nell sospecha que se trata de una habilidad que puede aprenderse y desarrollarse.
Reservas de otros especialistas
Elizabeth Stokoe, analista de conversación de la London School of Economics, valoró que el trabajo vaya más allá de la idea de que mayor similitud es mejor. Sin embargo, señaló que preguntar solo si una charla es agradable puede dejar fuera lo esencial.
Como ejemplo, mencionó un estudio sobre una llamada entre un padre y su hija, una joven con discapacidad que vive en una residencia, quienes tardan en despedirse en un momento doloroso y conmovedor. A su juicio, reducir las conversaciones a su nivel de disfrute puede resultar frío, porque muchas de las más importantes en la vida son así.
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Fuente: The Guardian Science


