Mujer de mediana edad con gafas, sonriendo mientras habla por teléfono en un sofá.
Imagen ilustrativa · Foto: www.kaboompics.com / Pexels

Hablar otro idioma frena el envejecimiento cerebral

Una investigación reciente señala que el multilingüismo puede retrasar el deterioro cognitivo hasta 13 años.

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Melania Ruiz·
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Narración con voz de IA

Aprender un segundo o tercer idioma no solo amplía horizontes culturales: también puede ser una herramienta eficaz para mantener el cerebro joven. Una investigación reciente indica que el multilingüismo es capaz de retrasar el envejecimiento cerebral hasta en 13 años, al favorecer la conectividad neuronal y frenar su deterioro con el paso del tiempo.

Qué dice la ciencia sobre el multilingüismo y el cerebro

De acuerdo con los hallazgos, hablar más de un idioma estimula de manera constante distintas regiones del cerebro, lo que se traduce en mayor resiliencia cognitiva frente al envejecimiento. Los especialistas apuntan a que el esfuerzo mental que implica manejar varios sistemas lingüísticos —gramática, vocabulario, conjugaciones— mantiene activas las conexiones neuronales con mayor intensidad que otras actividades cotidianas.

Este beneficio se potencia, según los investigadores, cuando se aprende un idioma desde edades tempranas. Sin embargo, los expertos también subrayan que comenzar en la edad adulta o incluso en la vejez tiene efectos positivos, ya que el cerebro conserva cierta plasticidad a lo largo de toda la vida.

El reto de aprender: humildad y práctica constante

Uno de los obstáculos más comunes para aprender un nuevo idioma es el temor a equivocarse frente a hablantes nativos. La experiencia de quienes practican lenguas extranjeras sugiere que aceptar los errores como parte del proceso resulta indispensable para avanzar.

Quienes han retomado idiomas que alguna vez dominaron describen la sensación de recuperar esas habilidades como un ejercicio mental intenso, casi perceptible a nivel físico: la búsqueda de palabras olvidadas, la conjugación de verbos en tiempo real y la negociación de significados activan circuitos que de otro modo permanecerían inactivos.

Los neurocientíficos destacan que incluso practicar un idioma de forma irregular —en viajes, con aplicaciones o con hablantes nativos del entorno inmediato— aporta beneficios medibles. La constancia y la exposición al idioma, más que la perfección gramatical, son los factores que marcan la diferencia en términos de salud cerebral.

En un mundo donde el bilingüismo es la norma para la mayoría de la población, los nuevos datos científicos ofrecen un argumento adicional para quienes aún dudan en dar el primer paso hacia el aprendizaje de otra lengua: hacerlo podría ser una de las inversiones más rentables para la salud cognitiva a largo plazo.

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