
¿Cuándo fue la última vez que pensaste en una tubería?
El servicio de agua en Quintana Roo requiere inversión permanente en infraestructura invisible para acompañar el crecimiento demográfico, con renovación de r...
Voy a apostar algo. Hoy te levantaste, abriste la llave del baño, te lavaste las manos, quizá preparaste café, te bañaste y saliste de casa. Hiciste todo eso sin pensar una sola vez en las tuberías.
Vivimos rodeados de infraestructura invisible. Nos acostumbramos tanto a que funcione que dejamos de verla. Nadie sale de su casa diciendo: “Qué gusto que hoy el servicio de agua hizo bien su trabajo”. Simplemente esperamos que así sea.
Hasta que un día no ocurre. Basta una fuga, un corte inesperado o una baja presión para que el servicio de agua se convierta en el tema del día.
En ese momento recordamos que debajo de las banquetas existe un mundo que normalmente ignoramos.
Lo invisible también cuesta
Estamos acostumbrados a medir las obras por lo que alcanzamos a ver. Un puente impresiona. Una avenida nueva luce. Un parque remodelado invita a tomarse fotografías.
¿Pero una tubería nueva? Esa desaparece debajo del pavimento pocas horas después de instalarse.
Y, sin embargo, puede formar parte de una inversión de millones de pesos. No sólo por la tubería, sino por todo lo que hay detrás: excavaciones, maquinaria, ingeniería, personal especializado, conexiones, válvulas, bombas, pruebas y hasta la reposición del pavimento.
Es una inversión enorme que, paradójicamente, tiene éxito cuando nadie vuelve a hablar de ella.
Crecer también significa enterrar más infraestructura
Quintana Roo no deja de crecer. Llegan nuevas familias. Se construyen viviendas, hoteles, hospitales y comercios. Todos necesitan algo en común: agua.
Y ese crecimiento obliga a ampliar, mantener y modernizar la infraestructura que permite que el servicio de agua llegue a cada vez más personas.
La empresa con concesión del agua en Quintana Roo ha informado inversiones recientes para renovar redes, construir colectores, modernizar sistemas de alcantarillado y fortalecer la infraestructura hidráulica en distintos municipios del estado.
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¡Claro que eso no elimina automáticamente los problemas! Sería ingenuo pensarlo. Muchas veces habrá fugas, colonias que pidan mejor presión o usuarios inconformes.
Pero recordemos que un sistema que abastece a cientos de miles de personas necesita mantenimiento permanente y también debe adaptarse al crecimiento de las ciudades.
La pregunta que sí deberíamos hacer
La conversación no debería quedarse únicamente en cuánto dinero se anuncia. La pregunta importante es otra:
¿Las inversiones realmente mejoran el servicio de agua? Porque ahí está el punto; como ciudadanos tenemos derecho a exigir transparencia, conocer dónde se realizan las obras, cuánto cuestan y qué beneficios producen.
También podemos exigir que las fallas se atiendan y que la infraestructura se mantenga en buenas condiciones.
Eso no está peleado con reconocer que se necesita invertir, al contrario, si queremos un mejor servicio de agua, necesitamos infraestructura capaz de acompañar el crecimiento de Quintana Roo.
Las obras que nunca veremos
Quizá las mejores obras sean las que nunca aparecen en una selfie; las que nadie inaugura con aplausos; las que no generan cientos de comentarios en redes sociales; las que simplemente cumplen su función durante años, ¡y aquí es donde aparece la concesionaria de agua en Quintana Roo porque hace excelentes labores.
De hecho, hay una paradoja muy curiosa: si una tubería hace bien su trabajo, nadie habla de ella. Y si una red hidráulica funciona como debería, probablemente tampoco nos preguntamos cuánto costó mantenerla así.
Tal vez por eso vale la pena mirar de otra manera esas obras que quedan enterradas por parte de la concesionaria de agua en Quintana Roo. No para dejar de exigir; no para aplaudir todo, sino para entender que un servicio de agua eficiente no empieza cuando abrimos la llave.
Empieza mucho antes, debajo de nuestros pies, con infraestructura que casi nunca vemos. Y quizá ese sea el mejor elogio que puede recibir una tubería: que nadie tenga que pensar en ella.
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