
Por qué Europa se calienta al doble que el resto del mundo
Un domo de calor africano y el cambio climático explican las temperaturas récord que sacuden al continente europeo.
Una ola de calor extrema mantiene en alerta a gran parte de Europa Occidental. El fenómeno tiene nombre: domo de calor, un potente sistema de alta presión que se originó en el norte de África y avanza lentamente sobre el continente, actuando como una tapa que atrapa el calor en la superficie. El Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea advierte que estos sistemas se han vuelto más frecuentes durante los últimos 25 años, lo que ha derivado en olas de calor más intensas y habituales.
Europa se calienta al doble de la media global
Los datos más recientes son contundentes: en 2025, al menos el 95 por ciento del continente registró temperaturas anuales por encima de la media. La temperatura promedio de Europa ha subido 2.5 °C respecto a los niveles preindustriales de finales del siglo XIX, mientras que el aumento global promedio se ubica en 1.4 °C. Es decir, el continente europeo se está calentando al doble de la velocidad mundial.
Una parte importante de esa aceleración tiene que ver con la proximidad geográfica de Europa al Ártico, la única región del planeta que se calienta incluso más rápido. En las cercanías del Polo Norte la temperatura media ya superó los 3.3 °C por encima de los registros preindustriales. Al derretirse el hielo ártico, el océano queda expuesto y, al ser más oscuro, absorbe mayor radiación solar en lugar de reflejarla.
Ese mismo proceso, denominado efecto albedo, también se reproduce en Europa. Zonas glaciares como los Alpes han perdido cobertura helada, por lo que el suelo oscuro que queda al descubierto absorbe más calor y retroalimenta el calentamiento.
Vientos alterados y aire más limpio: factores inesperados
El cambio climático también ha modificado los patrones de viento que históricamente estabilizaban el clima europeo. Investigaciones especializadas apuntan a un fenómeno conocido como doble corriente en chorro: en lugar de que los vientos formen una barrera continua que lleva sistemas frescos desde el Atlántico, se generan dos corrientes paralelas que desvían esas masas de aire hacia el norte. El resultado es que las olas de calor se vuelven más persistentes en Europa Occidental.
Hay además un factor paradójico: las regulaciones de calidad del aire que entraron en vigor desde la década de 1980 redujeron significativamente la contaminación atmosférica, pero también eliminaron partículas microscópicas que, al reflejar la luz solar, enfriaban de manera indirecta al continente. Al desaparecer ese efecto, la temperatura ha subido con mayor libertad.
Organismos internacionales como la Organización Meteorológica Mundial no descartan que en los próximos cinco años se alcancen nuevos máximos históricos de temperatura. Desde la Secretaría General de la ONU se ha insistido en la necesidad de intensificar los esfuerzos para frenar el cambio climático y reducir sus consecuencias sobre la población mundial.
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Fuente: DW Español


