La NASA confirmó este enero de 2026 que la Tierra cuenta con un nuevo acompañante espacial, conocido popularmente como “segunda luna“. Se trata del asteroide 2025 PN7, descubierto por el telescopio Pan-STARRS, en Hawái, y clasificado como cuasi-satélite.
Antes de imaginar un cielo nocturno con dos discos brillantes conviene matizar. 2025 PN7 mide en torno a 20 metros de diámetro, algo así como un edificio pequeño, y es tan débil que solo se detecta con grandes telescopios.
La gravedad terrestre atrajo a este pequeño cuerpo celeste con la fuerza suficiente para obligarlo a seguir una trayectoria elíptica temporal, convirtiéndolo técnicamente en una “segunda luna“.
Este fenómeno astronómico, conocido técnicamente como un “evento de captura temporal”, permitirá que el objeto orbite la Tierra antes de recuperar su libertad para continuar su viaje por el sistema solar.
Los científicos aclaran que este satélite natural efímero no resultará visible para el ojo humano sin ayuda, debido a su tamaño reducido y a la baja reflectividad de su superficie rocosa.
La NASA explica que se trata de un fenómeno real, aunque aclara que esto no significa la existencia de una nueva luna como tal.
El protagonista es el asteroide 2025 PN7, un cuerpo rocoso de pequeño tamaño descubierto por el telescopio Pan-STARRS del Observatorio de Haleakalā, en Hawái.
Su peculiaridad no solo es su tamaño, que apenas tiene entre 18 y 36 metros de diámetro, sino en su trayectoria. Su órbita alrededor del Sol está tan sincronizada con la de la Tierra que, visto desde nuestro planeta, parece acompañarnos de forma constante en el espacio.
Los astrónomos explican que 2025 PN7 no es un satélite natural como la Luna. Se trata de un cuerpo de los llamados cuasi-satélite.
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Estos, tal y como explican los especialistas, “no giran alrededor de la Tierra, sino alrededor del Sol”. Esa diferencia, que puede parecer sutil, es clave desde el punto de vista científico y explica por qué hablar de una “segunda luna” es, técnicamente, incorrecto.
Aun así, desde la perspectiva terrestre, el asteroide parece avanzar y retroceder en el cielo siguiendo un patrón que da la sensación de que está ligado gravitacionalmente a nuestro planeta. Esta ilusión óptica y orbital es la que ha alimentado la idea de un “compañero cósmico” que viaja junto a la Tierra en su recorrido alrededor del Sol.
Desde la NASA insisten en que el fenómeno no supone ningún peligro. El asteroide se encuentra a millones de kilómetros de distancia y no existe riesgo de impacto ni de alteración para la atmósfera terrestre.
Además, no es un caso único: otros objetos cercanos a la Tierra han seguido trayectorias similares durante periodos más cortos.
Con información de: La Vanguardia

