El cambio empieza por uno mismo, acabemos con el egoísmo

Por Lizzy Santoyo

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Por Lizzy Santoyo

Paseaban mis ojos por redes sociales y me encontré con la imagen que acompaña este texto. Era una imagen reciente donde se puede observar a un adulto mayor con bastón sentado en el piso del metro de la Ciudad de México, mientras tanto, pasajeros más jóvenes están sentados en asientos incluso ocupando el que debería ser para personas con alguna dificultad o de la tercera edad.

En la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental se muestra que la corrupción ha crecido dos puntos porcentuales, un 56.7% de la población está preocupada por ese tema. También mostró que 2 de cada 10 personas en México confía en partidos políticos y 3 de cada 10 en las instituciones electorales. Y 9 de cada 10 sólo confía en su familia. Somos un país que vive en constante desconfianza, “el otro” implica peligro. Esto sumado a la constante violencia que ha ido en aumento, en 2017 se registró la tasa más elevada de homicidios desde que se tiene registro.

¿Qué tiene que ver el tema del señor de la tercera edad del metro, con los índices de desconfianza? Explicaré la relación; somos una sociedad que tiene hartazgo de su élite de gobernantes, nos quejamos, los evadimos, los ignoramos, nos burlamos, los odiamos. ¿De dónde salió cada una de las personas que hoy ejerce un cargo público? Ninguno de nuestros políticos se formó en laboratorio, cada persona salió de una familia, de esta sociedad mexicana. Ergo el cambio hacia un México con mejores personas en la política no vendrá de la élite gobernante, vendrá de la sociedad.

La imagen del señor en el metro es una evidencia de cómo funciona en su mayoría la sociedad mexicana. Eso no excluye el que haya gente excepcional que practique la empatía, el respeto, el cuidado del otro como un otro válido. No obstante, las estadísticas nos muestran que prevalece lo opuesto.

El Instituto para la Economía y la Paz situó a Islandia como el país más pacífico del mundo por casi una década, Islandia es un país que lidera también en equidad de género, las mujeres ocupan casi el 60% de escaños, así como de puestos directivos en empresas, en 1979 fue el país con una primera mujer presidente, hoy por ley hombres y mujeres deben cobrar el mismo sueldo. Los delitos no quedan impunes, en el colapso financiero que padeció dicho país en 2008, se procesaron a los banqueros, se dictó sentencia a casi 70 y fueron encerrados en prisión a los hallados culpables.

Ya sé, podrás decirme que no hay que comparar, que eso es malinchista, etc. No obstante, lejos de hacer una comparación, es aprender, ¿cómo han hecho otros países para alcanzar aquello que deseamos, llámese paz, frenar impunidad, disminuir corrupción etc?

En Islandia prevalece la consciencia “del otro”, la empatía, se busca que toda la niñez tenga las mismas oportunidades, acceso a la educación y servicios básicos, el individualismo no tiene lugar, en Islandia se ven a sí mismos como un grupo que se cuidan unos a otros, se estructuran desde el nosotros.

En México, el otro representa peligro, se piensa en el yo y luego yo, podemos explicarnos entonces la imagen del señor en el metro, o el conductor del coche que elige estacionarse en el lugar para personas con discapacidad sin ser una de ellas, el que mete la mano en la bolsa y roba un celular, se hace doble fila sin importar si estorbo a las demás personas, se registra en una empresa a un empleado con varias pagadoras sin importarme si esto le impide tener acceso al IMSS, o juntar sus puntos de Infonavit para adquirir una casa, hay saqueos en tiendas so pretexto de alza en combustibles, o un huracán, se justifica una violación, se normaliza el acoso. Y reflexionemos; si a estas mismas personas, las cuales realizan estas acciones cotidianas, les damos una posición de poder en el servicio público y lo que eso conlleva ¿cambiarán de actitud? Lo dudo mucho, por el contrario, se verá magnificada; lo que se hacía en menor cantidad se hará en mayor. Si no había ningún inconveniente en “agandallarse” algo pequeño porque el egoísmo e individualismo prevalece, seguirá haciéndose lo mismo sólo que en mayor proporción.

Entonces no, no sólo hay que demandar cambio en la cúpula gobernante, hay que demandarla en la sociedad mexicana, de ahí salen quienes nos gobiernan. Sí hay gente empática, respetuosa, el punto es que procuremos que esa sea la mayoría. Se dice que traemos muy insertado el pensamiento de la tranza, la desconfianza, nacimos y crecimos escuchando mitos sobre nuestra historia, los cuales nos han afectado, alimentando el clasismo, racismo, intolerancia a lo diferente, y todo ello es debido al temor, por miedo al otro.

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Y si por se cree no poseemos la capacidad de ser más empáticos y que somos individualistas por naturaleza, seamos rebeldes, para crear un mejor “nosotros”, elijamos ir contranatura.

 

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