El sonido de un Violín

Rocío Martínez Preciado

Estuve presente en una audición de niños cantando y tocando hermosas melodías; eso me hizo recordar que hace años atrás una señora, con su mirada cristalina debido a las lágrimas que estaban a punto de salir, me compartía: “Cada que veo un violín recuerdo a mi hijo de siete años con tanta alegría, con tanta ilusión y tanta inocencia”.

“Mamá, le pediré a los reyes magos ¡Un violín! Porque a ese niño le encantaba la música y el sonido del violín”, agregó. Claro que me hizo vibrar el corazón cuando escuchaba su voz.

Ese niño, no era como todos los niños, era especial, curado de cáncer Sarcoma de Edwing, con un 30% de posibilidad de vida.

Esa Madre, al escuchar la petición de “reyes” de su hijo se estremeció, y en sus pensamientos estaban las preguntas ¿Un violín? ¡Es caro, no tengo dinero!

Ella, como todas las madres que luchan por la salud de sus hijos, viven al día a veces, reuniendo lo del pasaje par el hospital, otras veces el costo de los medicamentos, etc. ¿Y ahora un violín?

Como Mamá que desea complacer a su hijo en medio de la adversidad, era una tristeza no poder cumplir ese regalo de “reyes”, tan ansiado para su hijo, ¿Cómo decirle que tuvo que pedir fiado un plato de sopa en el restaurante del hospital porque ya llevaba dos días sin comer?, y que no tenían dinero los “reyes”.

Ese sueño de “reyes” no pudo ser cumplido, ahora esa madre cada que escucha un violín, vibra su corazón porque en el sonido del violín, esta la voz de su hijo ya muerto, diciéndole “mamá fuiste mi sonido de violín, cuando me cantabas, cuando rezábamos juntos, cuando reíamos, hasta cuando lloré por el dolor y tú me calmabas”.

Esa señora me dice que así como se apoya el violín en un hombro y se recarga la cabeza en él; con tanta sensibilidad para lograr sacar notas hermosas, delicadas, suaves como el viento o fuertes como el sonido del mar con sus olas. Ahora, se imagina ese niño recargando su cabeza en el hombro de Dios y no tocará ese violín tan ansiado, pero el sonido del amor de Dios, es la más bella inspiración para su hijo.

La mamá de ese niño seguía narrándome, que muchas veces en la vida podemos tocar no un violín, si no tocar todas las fibras más delicadas de un corazón lastimado, escuchando y alentando a esa persona, siendo para ella como el sonido de un violín.

Cambiar el dolor escuchando la voz de Dios detrás de ti, y entender que la adversidad, la tristeza, angustia, si la recargas no en un violín, si no en el hombro de Dios. Con toda tu fe y confianza; él sacará de ti, la más hermosa melodía de tu interior dándote paz y entendimiento a tu corazón.

Muchas veces estamos sordos, mudos y no entendemos ni comprendemos las cosas simples y la grandeza que contienen dentro de ellas.

Deseo compartir que esa mamá, cuyos ojos se humedecen cuando escucha un violín, que no pudo comprar a su hijo, esa mamá “Fui yo, se llama Rocío” la que escribe esta columna.

No pude comprar ese violín a mi hijo Alonso, ese regalo de “reyes” tan anhelado por él.

Pero… yo recargo mi cabeza en el hombro de Dios, dejo que él me escuche y saque de mi, la mejor melodía; y que mi hijo Alonso, entienda que el sonido de un violín y el amor de Dios son la misma melodía, una melodía de amor.

Estimado lector, eres un instrumento de Dios, sólo déjate llevar por él y sacará las mejores melodías de ti que inspiren a quien te escuche, se el sonido de un violín.

¡Dios por delante!

Bendiciones.

Rocío Martínez Preciado

Los Planes de Alonso AC

Presidenta

Cel. 4626058359

Correo: rociomartinezpreciado@hotmail.com

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