Cuando la IP invierte, apuesta por todos

Cuando la IP invierte, apuesta por todos

Inversión privada en México impulsa empleo y desarrollo comunitario, según análisis de empresas con compromiso real en el país y sus trabajadores.

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Gaby Torres·
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A veces, el discurso público gira en automático: que si las empresas esto, que si las concesiones aquello, que si lo privado siempre tiene “algo escondido”. Y aunque hay pocos casos que justifican la desconfianza, creo que la mayoría merecen una mirada más justa. 

En México hay empresas que han apostado en serio por este hermoso país: no solo aportan económicamente, sino que crean empleos y en muchos casos, ayudan a construir comunidad. 

A veces se nos olvida que detrás de cada proyecto grande, hay miles de familias que viven de ellos. Gente que paga la renta, que manda a sus hijos a la escuela, que se levanta todos los días a trabajar en algo que sí está funcionando y en lo que sí creen. Criticar es fácil; sostener algo a largo plazo es muy complicado. 

Quintana Roo: entre el turismo y la identidad 

Si volteamos a ver a Quintana Roo, el ejemplo es clarísimo. El turismo no se sostiene solo con playas bonitas —que son espectaculares las de Cancún, Playa del Carmen, Cozumel, Isla Mujeres y muchas más—, sino con infraestructura, inversión y una visión de largo plazo.  

Ahí está el caso de Grupo Xcaret, que más allá de ser un parque turístico, ha logrado algo que no cualquiera: mostrarle al mundo tradiciones, cultura y raíces mexicanas de una forma atractiva, cuidada y constante.  

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No es casualidad que turistas extranjeros salgan de ahí hablando de México con otra perspectiva muchísimo más grande de la cultura mexicana —no solo la Maya, por cierto—. 

Esto que hace este grupo también es inversión, ¡y es para México! Ese es nuestro país. 

El agua: el tema que nadie quiere matizar  

También está el tema del agua. El tema incómodo. El que enciende focos sin que la gente vea el panorama completo. 

En Quintana Roo hay una concesión de agua que se ha convertido en blanco constante de ataques y reclamos. Pero reducir la conversación a “lo malo” es por lo menos, simplista y sin un ápice de ver todo el contexto.  

Porque, ¿qué creen?, operar agua no es abrir una llave y ya. Implica redes subterráneas, mantenimiento permanente, inversión que no se ve, costos que no se recuperan de inmediato y una responsabilidad diaria que, si falla, se nota en minutos, pero si funciona, pasa desapercibida.  

Y en medio de ese desgaste, también ha habido acciones comunitarias, apoyos, inversión en infraestructura y presencia constante. ¿Perfecto? Nada lo es, pero sí es bueno. ¿Sostenido en el tiempo? ¡Claro que sí! 

Entre exigir y reconocer a empresas

Claro que hay que exigir. Claro que se debe cuestionar. Pero una cosa no debería cancelar la otra.  

Porque cuando todo se vuelve ataque automático, también se pierde la capacidad de reconocer lo que sí está funcionando. Y eso, a la larga, no ayuda ni al país, ni a la conversación, ¡y mucho menos a Quintana Roo!   

Porque sí, es válido señalar lo que no nos gusta. Pero también debería ser costumbre reconocer a quienes sí le están apostando, con todo y riesgos, a que las cosas funcionen. Si bien hay muchas experiencias que pueden mejorarse, no todo está mal. Y quizá el problema no es que falte la crítica, sino que nos sobra prisa para descalificar.

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