
Activistas acusan a la FIFA de abusos y contradicciones antes del Mundial 2026
El grupo FairSquare lanzó "Reboot FIFA", campaña para presentar la mayor denuncia colectiva ante el Comité de Ética del organismo al cierre del torneo.
A días del arranque de la Copa Mundial 2026, una ola de cuestionamientos sacude a la FIFA desde adentro y desde afuera. El grupo activista FairSquare lanzó la campaña "Reboot FIFA", que busca reunir miles de firmas para presentar una denuncia colectiva ante el Comité de Ética del organismo una vez que concluya el torneo. Sus promotores la describen como la mayor acción de este tipo en la historia de la federación.
La iniciativa cuenta con el respaldo del historiador David Goldblatt y la exfuncionaria Bonita Mersiades, quienes han documentado durante años las prácticas de gobernanza de la institución. Para ellos, las estructuras actuales requieren una revisión profunda que restaure la confianza pública en el futbol internacional.
Infantino en el centro de las acusaciones
El blanco principal de la denuncia es el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. FairSquare lo acusa de haber violado el principio de neutralidad política establecido en el Código de Ética del organismo en al menos dos ocasiones recientes.
La primera fue su participación en una Cumbre por la Paz convocada por el presidente estadounidense Donald Trump. La segunda, la decisión de otorgarle a Trump el Premio de la Paz de la FIFA. Para los activistas, ambos actos representan una intervención política incompatible con las obligaciones del cargo.
El director de FairSquare, Nick McGeehan, señaló que el descontento acumulado —que incluye los elevados precios de los boletos para el Mundial y la percepción de alejamiento entre la dirigencia y los aficionados— ha creado el ambiente ideal para exigir cambios estructurales.
Las reformas que exigen los activistas
Más allá de las acusaciones contra Infantino, la campaña plantea una agenda de reformas institucionales. Entre ellas destacan una auditoría más rigurosa de los miles de millones de dólares que la FIFA distribuye entre sus federaciones miembro, una separación más clara entre sus funciones comerciales y regulatorias, y mecanismos de rendición de cuentas accesibles para el público.
Para quienes trabajan en transparencia y responsabilidad corporativa, estas demandas reflejan una tendencia global: las grandes organizaciones, sean empresas, gobiernos o federaciones deportivas, enfrentan una presión creciente para demostrar integridad ante sus distintos grupos de interés.
La FIFA defiende sus reformas
La FIFA rechazó las acusaciones y aseguró que en la última década ha implementado cambios profundos en su modelo de gestión. Según el organismo, los recursos distribuidos a sus asociaciones son auditados anualmente por firmas independientes.
La institución también destacó que desde 2016 existe una separación formal entre sus operaciones comerciales y sus órganos de decisión —el Consejo y el Congreso—, y que sus reportes financieros cumplen con estándares internacionales. Para la FIFA, estas medidas han permitido recuperar la credibilidad perdida tras los escándalos de corrupción de años anteriores.
Noruega respalda la denuncia
Uno de los gestos que más visibilidad ha dado a "Reboot FIFA" es el respaldo de Lise Klaveness, presidenta de la Federación Noruega de Fútbol. La dirigente confirmó que su federación envió una carta formal al Comité de Ética apoyando la iniciativa y anunció que seguirá impulsando acciones de seguimiento tras el Mundial.
El apoyo de Noruega es relevante porque muestra que el descontento no viene únicamente de activistas externos, sino de actores con asiento dentro de la estructura institucional del futbol mundial.
El límite entre diplomacia y neutralidad
La controversia ha reabierto el debate sobre hasta dónde pueden llegar los líderes deportivos en escenarios políticos. Infantino ha defendido la entrega del Premio de la Paz a Trump argumentando que el reconocimiento celebra esfuerzos por la cooperación internacional. Sus críticos consideran, en cambio, que esa postura evidencia la necesidad urgente de establecer límites más claros entre la diplomacia institucional y la neutralidad que exige el cargo.
Lo que está en juego, en el fondo, no es solo una disputa entre activistas y directivos: es una discusión sobre la legitimidad de una de las organizaciones deportivas más poderosas del mundo y su capacidad para gestionar el poder con transparencia, independencia y responsabilidad.
Lectura recomendada: Acusan a la FIFA de impedir inspecciones laborales en obras del Estadio Azteca
¿Qué te pareció?
Fuente: ExpokNews


