Profepa recuerda que los monos no son mascotas y están en peligro de extinción

Profepa recuerda que los monos no son mascotas y están en peligro de extinción

La Profepa alertó a la población que los monos no son mascotas y su compra representa un daño al ecosistema y la pérdida de especies, especialmente tres.

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Carlos Espejel·
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La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) recordó que los monos silvestres no deben ser considerados como mascotas y alertó sobre las consecuencias de extraerlos de su hábitat para comercializarlos.

En México existen tres especies nativas de primates que se encuentran catalogadas como en peligro de extinción.

Se trata del mono araña (Ateles geoffroyi), el mono aullador negro o saraguato (Alouatta pigra) y el mono aullador de manto (Alouatta palliata). Estas especies habitan principalmente en regiones del sur y sureste del país y forman parte de los ecosistemas de selva.

Ante la problemática, la Profepa puso en marcha la campaña “Los monos no son mascotas”, mediante la cual busca generar conciencia sobre los daños provocados por la extracción, compra, venta, traslado y cautiverio de estos animales.

La dependencia señaló que detrás de un ejemplar que llega a una vivienda puede existir toda una cadena de tráfico ilegal de fauna silvestre que está llevando a los monos a la extinción.

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Tráfico ilegal de monos puede acabar con la vida de muchos ejemplares

El problema puede comenzar cuando los traficantes separan a una cría de su madre para trasladarla hacia lugares de acopio y posteriormente venderla.

Esta práctica provoca graves afectaciones, ya que los monos jóvenes dependen de sus madres para obtener alimento, protección y desarrollar habilidades sociales. En algunos casos, las madres son asesinadas durante la captura de las crías.

Asimismo, el traslado representa otra etapa de alto riesgo para los animales. Los ejemplares pueden ser introducidos en cajas, maletas u otros recipientes con condiciones inadecuadas, donde enfrentan hacinamiento, falta de alimento y agua, lesiones, estrés y desnutrición. De acuerdo con la información difundida por la Profepa, incluso pueden sufrir fracturas, infecciones y otros problemas derivados del manejo ilegal.

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Aunque no lo parezca, los primates también cumplen una función importante dentro de las selvas mexicanas. Al consumir frutos y desplazarse por diferentes zonas, contribuyen a dispersar semillas y favorecen la regeneración de los bosques.

Por ello, la disminución de sus poblaciones puede afectar procesos naturales fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas donde habitan.

Los monos no son mascotas

La llegada de un primate a una casa tampoco pone fin al problema. Los monos necesitan convivir con otros ejemplares de su especie, desplazarse, buscar alimento y desarrollar comportamientos naturales que difícilmente pueden reproducirse dentro de una vivienda. El aislamiento y el cautiverio pueden provocar estrés y conductas anormales, como arrancarse el pelo, morderse o realizar movimientos repetitivos.

Además, un mono que parece fácil de manejar cuando es pequeño puede representar una situación completamente diferente al llegar a la edad adulta. Estos animales desarrollan una gran fuerza y pueden reaccionar de manera defensiva ante personas, otros animales o situaciones que interpreten como amenazas.

Por esta razón, mantenerlos como mascotas puede representar riesgos tanto para el ejemplar como para quienes conviven con él.

La Profepa también advirtió sobre posibles riesgos para la salud derivados del contacto cercano con primates. Las mordeduras pueden ocasionar lesiones y requieren valoración médica, pues pueden transmitir bacterias, parásitos y virus.

Por ello, la dependencia insistió en que la mejor forma de proteger a los monos es evitar su compra y mantenerlas en libertad. La campaña busca recordar que tener un primate en casa no lo convierte en un animal doméstico.

Finalmente la dependencia recordó que, comprar, regalar o mantener primates silvestres en cautiverio puede alimentar una cadena que comienza con la extracción de animales de su hábitat y termina afectando tanto a la fauna como a los ecosistemas mexicanos.

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Vía: El Imparcial

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