
Descubren un antiguo cementerio de tiburones en pleno desierto en Egipto
El hallazgo arroja luz sobre la biodiversidad que caracterizó a la región durante el Cretácico
Durante siglos, el desierto de Egipto ha ocultado bajo sus dunas la huella de un océano que ya no existe. En la meseta de Abu-Tartur, un grupo de científicos halló los restos fósiles de al menos siete especies diferentes de tiburones que habitaron el norte de África hace millones de años.
El hallazgo arroja luz sobre la biodiversidad que caracterizó a la región durante el Cretácico, cuando el paisaje era completamente distinto al actual.
La Formación Duwi, en el oeste de Egipto, es conocida por sus depósitos de fosforita. Este tipo de sedimento suele aparecer en zonas donde la vida marina es especialmente abundante, ya que el fósforo se acumula en ambientes con intensa actividad biológica.
El reciente descubrimiento en Abu-Tartur incluye dientes de tiburón que permiten identificar especies que compartieron un antiguo mar que cubría el norte de África.
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La investigación liderada por Tarek Yassin, paleontólogo de la Universidad de El Cairo, permitió identificar cinco especies nuevas para el sitio: Cretalamna cf. maroccana, Scapanorhynchus cf. raphiodon, Serratolamna cf. serrata, Squalicorax bassanii y Squalicorax pristodontus. Dos de ellas, Serratolamna cf. serrata y Squalicorax bassanii, nunca se habían registrado en Egipto.
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“Este conjunto destaca un ecosistema marino rico en nutrientes y de alta productividad”, señala el estudio. Los fósiles respaldan la idea de que la región fue durante el Cretácico un entorno marino con redes alimentarias complejas y abundante vida.
Más especies de tiburones en Egipto
Durante el Cretácico, hace entre 145 y 66 millones de años, el clima global era más cálido y los polos carecían de grandes masas de hielo. Los mares se extendían sobre territorios hoy áridos, como el norte de Egipto.
La presencia de fósiles de tiburón, junto con la fosforita, indica que el área estaba sumergida y era escenario de una intensa actividad biológica.
El trabajo de Yassin y su equipo, confirma que la abundancia de fósforo está relacionada con la alta productividad marina. Es decir, la presencia de este elemento en las rocas fósiles sugiere que el antiguo mar era un “caldo de cultivo” para organismos microscópicos y peces, que alimentaban a depredadores como los tiburones.
Uno de los datos más relevantes del hallazgo es la variedad morfológica de los dientes fósiles. Algunos son largos y delgados, similares a una aguja; otros, anchos y aserrados, perfectos para cortar.
Uno de los dientes es marcadamente curvado y algunos presentan pequeñas proyecciones laterales conocidas como cusplets. Este abanico de formas sugiere que los tiburones ocupaban distintos nichos ecológicos, lo que disminuía la competencia directa por el alimento en Egipto.
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