El médico anestesiólogo Mauricio Javier Atencio Krause fue condenado a tres años de prisión en suspenso y una inhabilitación especial de siete años y seis meses para ejercer la medicina por la muerte de un niño de cuatro años en Argentina.
Durante una cirugía programada y en línea con otras cuestiones que evidenciaron negligencia, el médico utilizó su celular en varias ocasiones dentro del quirófano e incluso salió de la sala para buscar un cargador durante la cirugía.
Además de esta inhabilitación, el médico deberá cumplir reglas de conducta estrictas durante tres años, entre las que se incluyen la presentación mensual ante la Justicia y la prohibición de cometer nuevos delitos.
Los fiscales Gastón Britos Rubiolo y Norma Reyes, del Ministerio Público Fiscal, habían solicitado la misma pena para Krause con la diferencia de que no pueda ejercer su profesión por 10 años. La querella, en representación de los padres del niño, ejercida por Agustín Aguilar y Miguel Ángel Díaz Zeballos, habían coincidido con esa pena.
Por su parte, la defensa del acusado -representado por el letrado Juan Ignacio Scianca-, había solicitado que se le aplique el mínimo de la escala penal prevista para el delito de homicidio culposo y que la inhabilitación profesional, en caso de ser impuesta, se limite específicamente al ámbito de la medicina pediátrica.
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El tribunal concluyó que el médico no solo abandonó el quirófano durante la cirugía, sino que también usó su teléfono celular mientras se desarrollaba el procedimiento y la sala de operaciones carecía de un desfibrilador y de controles clínicos adecuados.
Durante la audiencia, se precisó que el paciente era un menor sin problemas de salud previos, y que la clínica disponía del equipamiento necesario para garantizar una cirugía segura. Las acciones y omisiones del anestesista fueron calificadas como decisivas para el desenlace fatal.
El 11 de julio de 2024, Toledo fue ingresado al Sanatorio Juan XXIII para una cirugía que, según el cirujano pediátrico Fernando Cordero, “sería breve, de una hora u hora y media”. La intervención quirúrgica era para reparar una hernia diafragmática que no le causaba molestias al niño, pero que los médicos preferían tratar cuanto antes.
Pero la operación dio un giro dramático. Valentín presentó muerte cerebral tras un paro cardíaco en quirófano, aunque el equipo inicial solo informó “un poco de bradicardia” y procedió a su traslado a terapia intensiva.
De acuerdo con el expediente, el médico abandonó su puesto y se distrajo con el celular durante al menos 20 minutos en momentos críticos de la intervención quirúrgica, tiempo suficiente para que la máquina de anestesia permaneciera fuera de funcionamiento, lo que causó un paro cardíaco y una falta irreversible de oxígeno en el niño.
Con información de La Nacion.

