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Un italiano viaja a África en busca de una mujer que conoció por Internet y es secuestrado

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Por ella voló a África. Y también por ella acabó en manos de una banda de secuestradores nada más aterrizar en el aeropuerto de Abiyán, en Costa de Marfil.

La historia que investiga la Fiscalía de Roma comenzó hace dos meses y tiene como protagonista al empresario Claudio Formenton, de 64 años, al frente de un grupo especializado en el procesamiento de mármol y granito con sede en Fossò, en el Véneto.

El 27 de noviembre se tomó una semana de vacaciones y explicó a su familia que iba a viajar a Costa de Marfil para colaborar con los voluntarios de la comunidad misionera de Villaregia. Muy normal para un empresario conocido por su generosidad y su compromiso con el mundo católico.

Nada más aterrizar encontró a un taxista que lo esperaba con un cartel con su apellido escrito: Formenton. Pensó que era un colaborador de los misioneros que había venido a buscarlo y subió al coche, así comenzó su secuestro.

Durante tres días los secuestradores lo fueron moviendo de una guarida a otra hasta que lo escondieron en un hotel de Bonoua, una localidad más al este y más al interior que la gran ciudad costera de Abiyán. Fue allí donde, tras una redada, la policía local irrumpió y lo rescató.

Ya en Italia, la Fiscalía de Roma ha abierto una investigación que ahora parece haber llegado a un punto de inflexión. El testimonio de Formenton sacó a la luz una historia un poco diferente a la del rico empresario occidental que se convierte en misionero para ayudar a los africanos. O al menos, ese no habría sido el único motivo que le había llevado a viajar a Costa de Marfil.

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Según se ha ido sabiendo, el hombre conoció por redes sociales a una tal Olivia Martens, una chica marfileña con la que hablaba desde el pasado otoño. En esos chats, ella le hablaba de sí misma, pero también de las dificultades que afrontaba para pagar a unos abogados que necesitaba para superar algunos problemas legales.

Formenton nunca le envió dinero, pero quedó fascinado ante la idea de poder ir a conocerla a África aprovechando la colaboración con los misioneros. El secuestro sería por tanto el resultado de una trampa real, y los investigadores dudan mucho que la joven marfileña exista realmente.

Los investigadores apuntan, además, que el empresario veneciano no sería la única víctima de la misteriosa Olivia Martens: su nombre habría aparecido en los chats de otros empresarios italianos adinerados.

(Con información de: El Mundo)

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