Una farsa, “comité ciudadano” de Laura Fernández
El gobierno de Laura Fernández, quiso Comité Ciudadano de saneamiento ambiental a modo, por lo que emitió una convocatoria que no daba posibilidades de participar a la ciudadanía.
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Carlos Espejel·

Puerto Morelos.- La presidenta municipal de Puerto Morelos, Laura Fernández Piña, pretende tomarle el pelo a la ciudadanía, al emitir una convocatoria para un consejo ciudadano que resultó ser una farsa, al durar únicamente dos días, lo que podría revertirse por vía del amparo.
Laura Fernández Piña trata de evitar la aplicación transparente del Derecho de Saneamiento Ambiental, pues a diferencia de otros municipios que lo aplican, como Solidaridad, Benito Juárez, Isla Mujeres y Cozumel, donde se creó o se creará un fideicomiso con participación de los propios hoteleros, en Puerto Morelos la alcaldesa quiere tener un consejo ciudadano, pero “patito”, donde subalternos se limiten a levantar la mano y autorizar el uso de estos millonarios recursos, sin cuestionamientos.
Para este fin, emitió una convocatoria “amañada”, aprobada la noche del jueves, 10 de enero, publicada en viernes 11 y que fenecía el lunes 14 de enero. Esto daba únicamente dos días hábiles para que los interesados participaran.
Pero no sólo esto, sino que exigía que se entregara un certificado de residencia y una carta de antecedentes no penales, que no tuviesen más de dos meses de antigüedad. Es una treta burda e infantil que impedía a cualquier interesado participar, pues es materialmente imposible obtener ambos documentos dentro del plazo dado, en especial considerando que el primero se solicita al propio Ayuntamiento, que podía dilatar el trámite.
Como era de esperarse, los únicos inscritos son las personas ya preparadas por la propia Laura Fernández y que “casualmente” tenían todos sus papeles listos.
Si hubiera compromiso real en conformar un comité “ciudadano”, el Ayuntamiento habría dado un plazo razonable para que los interesados pudieran enterarse y participar, ya que no hay argumentos de peso para limitarlo de forma tan drástica, rayando en el absurdo. Con ello queda demostrada la mala fe con la que opera Laura Fernández Piña y su negativa a querer trasparentar el uso de estos recursos.


