En vida hermano

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La vida pasa muy rápido ¿Te has dado cuanta?, regularmente decimos se me fue el día y no alcance a realizar todo lo que pensaba hacer.

Me imagino que es como cuando se mira una película en la televisión cuando la adelantamos o regresamos las imágenes pasan rapidísimo. Así pasa tu vida, la mía y la de los demás diciendo: “no tengo tiempo”.

Esta semana me hizo reflexionar mucho la muerte del mejor amigo de mi padre, quien era mi padrino y a la vez el papá de Angélica, mi mejor amiga desde niñas, eramos compañeras de escuela y crecimos viéndonos de vez en cuando, cada una hizo su vida y formó su familia.

Pero cuando supe que su papá Vicente estaba enfermo en casa, mis intenciones eran visitarlo y llevarle a un sacerdote, el padre Humberto, amigo de siempre de él y mi padre, pero todo quedó en un “no tuve tiempo”, y ahora que me entere de que el señor Vicente murió,  murió también esa relación tan profunda de unión y cariño que tenían nuestros padres y la amistad con mi amiga; me sentí mal, me  sentí ingrata y egoísta.

Asistí  al velorio y a misa pero ¿Por qué no fui antes? Por qué no pare un instante mi rutina diaria y lo visité en su casa para darle la sorpresa que yo deseaba, llevarle de visita al padre Humberto. Dios nos dio conciencia y la mía me regañó, me hizo sentir mal.

Mi padrino Vicente me tenía mucho cariño, me llamaba “Chío” igual como mi padre lo hacía, en realidad hasta la fecha no me gusta que me llamen “Chío”, pero sí lo oía de mi padre. de él y su familia, me hacía sentir bien, pues lo hacían con cariño, que me envuelve y llega a gustarme.

Como olvidar esas visitas a su casa donde mi amiga Angélica y yo nos escondíamos en la despensa a comernos los plátanos como si fuéramos changuitas, mi padrino le decía a Angélica “deberías de ser como Chío”. Las dos éramos niñas, luego jovencitas, pero siempre él le decía que fuera como yo, aunque nunca supe por qué lo decía o qué era lo que veía en mí, ya que mi amiga era aplicada e inteligente. En ese entonces mi ego me hacía sentir “La súper niña”. Las visitas inolvidables a esa casa tan familiar son parte de mi historia.

Ahora que el señor Vicente murió, me dolió tanto, lloré. Estando en la iglesia una señora sentada a mi lado sacó de su bolsa una imagen que leía, alcance a leer el titulo y le pregunté -¿Me la presta para leerla?, es que mi padre siempre nos decía eso.- Refiriéndome al título, la leí y al entregársela, la señora me dijo “te la regalo, quédate con ella”. Pienso que fue mucha casualidad al estar viviendo una situación triste, pues exactamente por lo que me lamentaba, la respuesta llegó a mis manos. Dios estás en todo.

Mi padre siempre lo decía cuando nos daba lecciones de vida “nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, sus palabras favoritas eran “en vida hermano, en vida”. Aquel escrito que había llegado a mis manos porque Dios y mi papá así lo quisieron, me dieron una lección de vida, la cual te la comparto, “en vida hermano, en vida”.

Si quieres hacer feliz a alguien que quieras mucho ¡Díselo hoy, es muy bueno! “en vida hermano, en vida”; si deseas dar una flor, no esperes a que se mueran, mándalas hoy con amor, “en vida hermano, en vida”; si deseas decir “te quiero” a la gente de tu casa, al amigo cerca o lejos, hazlo “en vida hermano, en vida”, no esperes a que se muera la gente para quererla y hacerle sentir tu peso que sea, “en vida hermano, en vida”. Nunca visites panteones ni llenes de flores tumbas, llena de amor corazones, “en vida hermano, en vida”.

Cuando terminó la misa de mi padrino, les comente que don Vicente y mi padre nos habían dejado una bella herencia, el verdadero valor de la amistad. Ellos siempre estuvieron el uno para el otro, con respeto, cariño y valores. Ahora nosotros sus hijos debíamos continuar con ese ejemplo y cultivar en nuestros hijos y nietos lo que es el valor del respeto al prójimo: -Llevémoslo a cabo aunque las circunstancias del diario quieran llevarnos deprisa, paremos un instante y recordemos “en vida hermano, en vida”.

Hoy aprendí que la vida es la más maravillosa experiencia del amor de Dios no la desperdiciemos diciendo “no tengo tiempo”.

Dios lo tuvo para pensarte, y tus padres para crearte y maravillarse con tu llegada al mundo.

¡En vida hermano, en vida!

Alguien necesita hoy de ti.

Dios por delante.

Rocío Martínez Preciado.

Presidenta

Los Planes de Alonso.

Cel. 4626058359

Correo: [email protected]

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