Los planes de Dios

Por Rocío Martínez Preciado

Recuerdo días atrás cuando me decías: ¡Mama, vamos a hacer mis planes! Mira, saliendo vamos a la capilla del hospital, luego a la Villa de la Virgen de Guadalupe, luego a la pirámide que se ve enfrente porque quiero subirme, después a Aurrerá.

¿A qué mi amor? Le pregunte a mi hijo.

A surtirme de dulces y luego hacer un pastel, luego vender mi Nintendo para comprar mi tabla de surfear, por que cuando sea grande, si Dios quiere, voy a ser entrenador de delfines.

No parabas de hablar en esa cama de hospital; día a día te alimentabas de sus planes, tanta alegría, tanta fuerza y ese espíritu incansable de lucha, a tus ocho años recuperándote de un cáncer llamado Sarcoma de Ewing en tu cadera, que se había regado con metástasis a sus pulmones y cabecita.

Hace año y medio que nos habían dado el diagnostico, un domingo de Resurrección, recuerdo que le dije a Dios Nuestro Señor. “Señor, en este día que nos enteramos de la enfermedad de mi bebé, tú nos quieres decir que no temamos a la muerte, porque no existe para el que cree en ti”.

Tú me diste fuerza en ese día tan especial, después ¿Qué pasó después? Empezaron las buenas noticias, después de tratamientos los pulmones, se limpiaron, las dos manchitas de su cabecita empezaron a cerrar, la biopsia de su cadera dio negativo, no había ya cáncer, Víctor Alonso siempre fuerte a los tratamientos, apoyándome en ingerir lo que le daba por feo que supiera, que si él te, que si la jalea real, en fin, a veces me decía cuando dudaba en tomar alguna medicina , “Nada más porque te quiero mamá, y se la tomaba”.

Recuerdo una vez en el hospital, su tía le dio unos rompecabezas para que vendieran, el ganó 70 pesos, estaba feliz con su dinero en el bolsillo de su pantalón. Mamá voy a comprar mis zapatos de fútbol, no, mejor el casete de bohemia, porque le fascinaba la música de toda.

Se la pasó todo el día pensando qué iba a comprar con su dinero ganado. Al día siguiente, regresamos al hospital  a que le hicieran un estudio de sangre, había mucha gente, él estaba jugando cuando fue hacia mi. ¿Mamá, le puedo regalar mi dinero a ese señor? Me señaló a un señor sentado en unas bancas detrás de mí; sí mi amor, le dije, lo que tú quieras, no le pregunté ¿Por qué? Yo, ya sabía que él era así.

Alonso corrió a alcanzar al señor que es esos momentos se paraba, y me di cuenta que no podía caminar bien, estaba enfermo; mi bebé sacó su bolsita de plástico con todas sus monedas y se las dio. Tantos planes con su dinero y Dios tocó su corazón para el más bello plan: el de compartir.

Días después, se internó para un trasplante de médula, para que en un futuro no volviera a recaer; todos estábamos contentos y a la vez preocupados; el trasplante tenía sus riesgos, se le iba sacar médula y guardarla en una maquina especial.

Enseguida iba a recibir tratamientos, fuertes quimioterapias, radiaciones, por si estuviera una célula mala acabarla y  se necesitaba bajarlo completamente de defensas y después transfundirle su médula, que empezara a generar como médula madre, ¿Qué pasó?

Se le dieron los tratamientos y el día que fue el doctor por su médula para transfundírsela, había un error fatal: a la máquina donde se encontraba, le faltó oxigeno y refrigeración adecuada; la médula se infectó y no se le pudo apoyar.

Pasaron los días y él seguía fuerte; los médicos estaban asombrados, pensaban que iba a recuperarse sin trasplante. Ese espíritu de lucha, esa alegría a pesar de las adversidades era increíble, pero los planes de Dios eran otros.

Empezó a bajar demasiado sus defensas, debido al tratamiento, siguieron fuertísimo por no haber tenido el apoyo de la médula. los últimos días calladito, cansado de repente ¡Mamá en vez de hámster, un conejo! Porque ya tenía su lista de animales que iba a tener.

El Doctor Olaya le había dicho que en cuanto saliera ya iba a poder tener todos esos animales que se le había negado debido a su enfermedad; solo tenía en el rancho un chivo, al que llamo Ángel por su color blanco, el cual decía que era también de sus amigos; Beto, Jorge que porque así Dios repartió el pan entre sus Apóstoles, así el chivo era compartido de él y sus amigos, todos eran dueños.

Sus planes, siempre sus planes que me duelen, me lastima recordar pero que a la vez me dan fuerza para seguir a delante como él nos demostró.

Recordar a mi bebé después ya entubado, sedado, solo entrábamos a acariciarlo, besarlo, platicarle; ahora nos tocaba a nosotros, Christian, Monse, Rocío, mi esposo Víctor y yo, recordarle sus planes; le gustaba que yo siempre le cantara, así que  con todo mi dolor lo hacía porque sabía que alcanzaba a escucharnos y tenía que hacerle sentir que todo estaba bien, cuando cinco días después, el 11 de agosto, día hermoso en que la Virgen María se queda dormida y es llevada al cielo por los Ángeles.

Ese día tan especial, la verdadera madre de mi hijo se lo llevó, por que él había dicho una vez ¿Mamá soy adoptado?, No sé de donde había sacado esa idea y estaba inquieto, hasta que le dije: sí, la verdad, hijo eres adoptado; tu verdadera madre es la Virgen María y te prestó conmigo, que también te quiero mucho, con esa explicación se quedo tranquilo, ya no lo volvimos oírlo hablar.

Él había seguido entubado, sedado; entramos a despedirnos de él, le dijimos cómo lo amamos y lo seguiremos amando, porque es difícil hablar en pasado de él; nosotros lo sentimos aún a nuestro lado.

Le dijimos que íbamos a estar bien, que no preocupara, le cantamos mi esposo, mis hijas y yo su canción favorita y se lo entregamos con dolor, pero con todo nuestro amor a los brazos de Dios.

Y como dijo su Doctor “los niños como él, nunca mueren”; hay gente afuera que lleva una vida vacía, inútil, y él desde que lo conocí era alegría. Quise hablar de él, porque son Ángeles que Dios manda a decirnos que nunca digamos “no se puede”, porque si se puede: ceder el egoísmo, ceder a la envidia que nos come por dentro igual que ese cáncer de mi niño, pero con la  grande diferencia que nosotros sí nos los podemos quitar, y se puede ayudar a los demás, no digamos no tengo tiempo, no puedo, siempre hay alguien ahí que necesita de nosotros.

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Yo también tenía mi plan, le dije a mi bebé que el 12 de agosto pasado iba a ser mi cumpleaños, le iba a poner un moño en la cabeza por que el era mi mejor regalo al tenerlo conmigo, y un día antes Dios me dio un regalo más completo: le puso unas alas hermosas a mi bebé y saber aún, a pesar de mi dolor que él ya está haciendo sus planes en su entrada triunfal al reino de los cielos, queremos darle las gracias a todas las personas que dieron su tiempo oraciones y amor a mi bebé y que lo ayudaron a triunfar sobre ese cáncer y demostrar que “sí se puede” que Dios los bendiga.

Con todo mi amor a ese Ángel especial Víctor Alonso Rodríguez Martínez

Tu mamá Rocío Martínez Preciado

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