María y el mar

María recuerda que cuando era pequeña, que emocionante eran esas idas de vacaciones al mar, la ilusión de un día anterior a la salida, en que sus hermanos y ella, emocionados, se dormían sabiendo que en la madrugada los despertarían para partir; ¡Que alegría!, con todo y sus mareos que ocasionaban las curvas en la carretera y el competir con sus hermanos para demostrar quien era el primero en ver el mar a lo lejos.

Después, llegar, quitarse los zapatos y correr, correr en esa arena sintiéndola en sus pies descalzos; ya sea a veces húmeda o caliente, que la hacía correr y apresurarse para no quemarse, y qué decir de enterrarse dentro de ella.

Pero lo más bello; mirar con asombro cuánto colorido a su alrededor, esa niña contemplaba, el azul del agua, el amarillo y naranja del sol al atardecer que se escondía entre el mar y salía la luna diciendo “¡Aquí estoy!”, el ver el gris de los pelícanos atrapando peces y balanceándose en el mar, la blanca espuma de las olas, los barcos a lo lejos. María, como disfrutaba esas vacaciones de niña.

Pasaron los años y ese mar tan lleno de ilusiones, sorpresas, risas y alegría fueron creciendo cada vez más en ella, así como su cariño por el mar, el cual iba agrandándose como las olas de pequeña o grande.

María se convirtió en madre, llevaba a sus hijos de paseo al mar y jugaba con ellos,de los cuales uno era especial, el más pequeño; era su sueño de grande ser entrenador de delfines, al escuchar a su hijo tan amado con ese sueño, también se convertía en el sueño de María, sin embargo; ese hijo tan amado murió a los 8 años de edad.

No pudo  cumplir su sueño y hacerlo realidad. Eso a veces pasa, cuando los escritos de Dios suelen ser diferentes a nuestros pensamientos.

María a los meses regresó al mar y por la mañana muy temprano gritaba frente a él “hijo, hijo”, y sus lágrimas brotaban; pues, en ese mar había regado cenizas de él.

Al regresar a la palapa en la playa, María tomó un papel y escribió una pequeña carta que tituló “Caminando en la playa”, la cual dice:

“Primero camino, luego corro gritando tu nombre ¿Y sabes quién me contesta? el ruido del mar diciéndome: ¡Te amo mamá!”.

Pasó el tiempo, María es una mujer que sigue amando al mar, en él también depositoó cenizas de uno de sus amados hermanos, quien le dijo semanas antes de morir: “María, te prometo que tu y yo vamos a ir cada tres meses al mar”.

Su hermano murió, María tomó sus cenizas, fue al mar y ahí metiéndose entre el agua las soltó y dijo: “Aquí estamos hermano promesa cumplida”.

Mar es una palabra que si le agregáramos una A antes diría: “AMAR” la vida es un acontecer de situaciones y si tomáramos cada situación como algo trascendente, aceptaríamos lo que no podemos cambiar cediendo y adaptándonos a lo que nos toque vivir y a la vez, valoraríamos mas las situaciones lindas, que aunque sean pequeñas, las guardaríamos en un lugar del corazón, seríamos felices, y la vida no sería sufrimiento, sino plenitud.

María dijo: “Si me encontrara con Dios y me pidiera que elegiría: ¿Qué cosas desearía volver a vivir? Pensaría, si obtuviera todo lo que deseo, es probable que tampoco fuera feliz, porque no lo valoraría, no me costaría trabajo, un maestro me dijo que, “el éxito es lograr ser feliz con lo que uno logra, sino no es éxito”.

Así que le diría a Dios ‘Señor me diste unos ojos para contemplar a mis hijos, me diste un corazón para amarlos, me diste la alegría de una niña que a pesar del dolor en su alma, vuelve a levantarse, puede caminar esperando el amanecer en la playa, sentarse a conversar contigo y decirle como se siente”.

Ahora en la madurez de mujer, María ve su vida como un barco que cada vez se aleja en el horizonte, con rumbo a su sueño.

Y ese sueño Señor, aún es vivir plenamente amando cada momento o circunstancia de mi vida porque así como en ese mar, tu Señor, me creaste para ser fuerte como las olas; las tormentas llegaran, pero volverá la calma.

Ahora a María la llaman “La mujer del mar” porque, nada ha detenido sus pasos para seguir adelante y abrazar “el mar de su vida”. Qunque sus ojos a veces derramen lágrimas de sal, su corazón le canta como las melodías de las olas diciéndole: “María, la mujer del mar”.

Dios por delante.

Rocio Martínez Preciado

Presidenta: Los Planes de Alonso

Cel. 4626058359

Correo: rociomartinezpreciado@hotmail.com

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