
Muere elefante luego de haber sido pintado de rosa por fotógrafa en India
Un elefante de 65 años de edad murió luego de que la fotógrafa rusa Julia Buruleva tiñera al animal de rosa en una sesión en la India.
Un elefante de 65 años de edad murió luego de que la fotógrafa Julia Buruleva (originaria de Rusia) tiñera al animal de rosa en una sesión en la India.
La artista visitó la región de Rajastán durante seis semanas con el objetivo firme de capturar una imagen icónica y surrealista para su portafolio personal.
Julia Buruleva buscó incesantemente un ejemplar de elefante que pudiera posar frente a las históricas construcciones locales tras cubrir su piel con pigmentos de color rosa vibrante.
Para ejecutar su visión, la mujer contactó a diversos propietarios de granjas hasta encontrar a un dueño dispuesto a colaborar en el controvertido proyecto visual. La producción transformó la apariencia natural del paquidermo para crear un contraste artificial con el entorno arquitectónico.
La preparación del evento requirió un despliegue logístico considerable y múltiples visitas a diversos santuarios de la zona para convencer a los cuidadores locales.
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Julia Buruleva seleccionó finalmente a Chanchal, un elefante de 65 años de edad, para protagonizar la serie fotográfica en un templo abandonado consagrado a la deidad Ganesha.
La fotógrafa aplicó sustancias colorantes sobre el cuerpo del animal, asegurando en todo momento que utilizaba productos orgánicos fabricados por artesanos de la región.
Según su versión, estas pinturas guardan similitud con las empleadas tradicionalmente en los festivales religiosos y no representan peligro alguno para la salud de un elefante. Sin embargo, la comunidad internacional cuestionó de inmediato la ética detrás de someter a un animal anciano a tal estrés.
La tragedia empañó el resultado artístico cuando las autoridades locales confirmaron la muerte de Chanchal apenas un mes después de la polémica sesión de fotos.
Tras el deceso, los oficiales de vida silvestre iniciaron una investigación exhaustiva para determinar si el proceso de pintura o el manejo durante la producción aceleraron el final del animal.
Los investigadores analizan si el contacto prolongado con los pigmentos generó una reacción adversa en el sistema del veterano elefante, a pesar de las etiquetas de "seguridad" reclamadas por la artista. Este incidente reactivó el debate sobre el uso de fauna silvestre en la industria de la moda y el arte contemporáneo en Asia.
Los ciudadanos y activistas de la India denunciaron a Julia Buruleva por falta de sensibilidad ambiental y una evidente apropiación cultural de los símbolos sagrados del país.
Miles de usuarios en plataformas digitales acusaron a la fotógrafa de priorizar su estética personal por encima de la empatía básica hacia el sufrimiento de un elefante en cautiverio.
La crítica se centró en la cosificación del paquidermo, al cual la producción trató como un simple objeto decorativo para satisfacer una ambición creativa particular. A pesar del rechazo masivo, la autora defendió su obra alegando que buscaba una conexión auténtica con la naturaleza que la inteligencia artificial no puede replicar.
Julia Buruleva concedió declaraciones a medios internacionales donde reafirmó su postura artística y negó cualquier tipo de conducta indebida durante la interacción con la criatura.
La fotógrafa insistió en que su práctica busca armonizar con el medio ambiente, aunque los hechos sugieren una realidad distinta para el fallecido animal de Rajastán.
Las asociaciones protectoras de animales exigen ahora leyes más estrictas que prohíban el alquiler de fauna para fines publicitarios o artísticos en todo el territorio nacional.
El caso de Chanchal permanece como un recordatorio sombrío sobre las consecuencias fatales que puede tener el ego creativo sobre la vida de un elefante.
Con información de: El Heraldo México
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