
Competir, ganar y volver a intentarlo: la psicología del juego
La combinación de desafío, expectativa y recompensa ayuda a explicar por qué determinadas actividades recreativas consiguen mantener nuestra atención durante generaciones.
Jugar es una de las características del ser humano y, a la vez, ha logrado adaptarse de gran manera a los constantes cambios tecnológicos de los últimos años: dispositivos cada vez más veloces, una mayor conectividad y la era digital en todo su esplendor. Así, lo que antes ocurría sobre un tablero, un estadio o con una simple baraja de cartas, ahora puede suceder frente a una pantalla.
Sí, han cambiado las herramientas, las reglas y los escenarios, pero hay una característica clave que permanece: el deseo de saber qué es lo que ocurrirá después. Particularmente en México, la relación de las personas con el juego puede observarse en la pasión por los deportes, el creciente mundo gamer, los aficionados a los clubes de mesa y también en las nuevas experiencias digitales.
Así, desde los juegos más tradicionales a aquellos que se nutren de lo último en Inteligencia Artificial, todo forma parte de una cultura recreativa en donde lo más importante es competir, superar un desafío y volver a intentarlo. ¿Qué es lo que hace que una actividad consiga mantener nuestra atención durante periodos extensos de tiempo?
El desafío como motor principal
Todo juego necesita tener su propio objetivo. Ya sea alcanzar una determinada puntuación, superar a un contrincante, completar una tarea o superar un nivel. Es ese desafío el que consigue mantener activa a nuestra atención. La pregunta “¿Podré conseguirlo?” funciona como el gran motor para poner en marcha el funcionamiento del juego.
Si el desafío resulta demasiado fácil, el juego mismo resultará aburrido. En cambio, si parece prácticamente imposible, la motivación también desaparecerá. Entre esos dos extremos, es necesario encontrar retos difíciles pero alcanzables. Por ejemplo, muchos de los juegos de casino en vivo Codere se nutren de esa característica, y eso explica el éxito de ese sector tanto en México como en la región.
Lo mismo ocurre en el mundo de los videojuegos: enemigos, pruebas, niveles y misiones que aumentan su dificultad a medida que el usuario avanza. Entre el azar y la complejidad, el usuario siente que todavía tiene cosas nuevas para descubrir. El resultado final: aumenta el desafío personal, las ansias de triunfar y se eleva el espíritu competitivo.

La expectativa es de gran importancia
La victoria o el resultado final no es el único factor que despierta el interés del jugador. La expectativa es vital también. Antes de cualquier desenlace, existe un periodo en donde reina la incertidumbre y aparecen posibilidades diferentes. Los videojuegos más importantes de la historia han aprovechado al máximo ese factor para construir su dinámica.
Ya sea que el marcador pueda cambiar en todo momento, una partida tenga un giro inesperado o la decisión que se tome genere consecuencias inesperadas, la tensión entre lo que se sabe y lo que aún se desconoce es parte esencial para alimentar la experiencia y construir una expectativa que se renueva todo el tiempo. Esto también puede observarse en la pasión que tenemos los mexicanos con el deporte.
Ahora bien, en donde más puede notarse este factor es en los videojuegos narrativos más populares del momento. La incertidumbre termina siendo el gran condimento del juego, acaparando la concentración del jugador y obligándolo a desarrollar estrategias inteligentes que le permitan llegar al objetivo final.
Perder es una parte clave del juego
Es un error pensar que perder significa un fracaso o una derrota. En muchos casos, perder no significa el fin de la partida ni del juego, sino que funciona como información: allí se descubre un error, se modifica una estrategia y se prepara todo para volver a intentarlo inmediatamente. En muchos juegos, este punto es particularmente importante.
El jugador, al asimilar la derrota como un escenario posible, puede identificar los patrones de comportamiento del enemigo y de otros personajes, acumulando así experiencia y datos que serán trascendentales de cara al futuro. La posibilidad de evolucionar y mejorar en cada nuevo intento cambia la relación con la derrota, la cual pasa de ser negativa a una etapa de aprendizaje.

Por supuesto, esta lógica también puede encontrarse en los deportes: un equipo o un deportista puede perder un partido, pero aprovechar todo lo ocurrido para luego mejorar aspectos de cara al próximo enfrentamiento. Los torneos largos, por ejemplo, premian a los equipos que mejor trabajan sobre la derrota para luego rendir mucho mejor dentro del campo de juego.
La recompensa y el reconocimiento
Por último, no se puede dejar de lado que las recompensas constituyen un factor muy importante en los videojuegos y en los deportes. Incluso, no necesariamente deben ser materiales. Pueden tomar la forma de poseer el puntaje más elevado, desbloquear un nuevo nivel, completar misiones o simplemente el reconocimiento de otros jugadores.
Los videojuegos actuales ya han integrado de gran manera a estos reconocimientos dentro del diseño y desarrollo de la partida. Como resultado de ello, en muchas ocasiones competir no es sinónimo excluyente de enfrentar a otro, sino también de competir contra uno mismo y mejorar el propio desempeño.
Conclusión final
Es un error pensar que para que un videojuego o actividad sea divertido o atractivo necesita de las últimas tecnologías. Su propia narrativa y reglamento pueden ser mucho más importantes para captar la atención del jugador. Ahora bien, combinar ambos factores puede ser un gran diferencial en la actualidad.
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